La vida está hecha de abismos. Entre
los abismos, a veces surge una colina. Tras la colina puede aparecer una
ciudad. A la izquierda de la ciudad tal vez haya un volcán. El volcán puede
lanzar humo sobre el amanecer. El amanecer tal vez sea una cueva de
escorpiones. Los escorpiones pueden ser hermanos de quienes habitan la ciudad.
La mirada de los habitantes de la ciudad es solo un eco de la tristeza. La
tristeza, como la nieve como el humo del volcán, es ahora ceniza entre las
nubes. La ceniza ya es parte de las lágrimas de los escorpiones. En la ciudad,
entre los escorpiones, tal vez un día se levante un muerto y las veredas
sean lápidas de un cementerio construido en el pozo de la memoria. Ahí hay un
mar de espuma dorada y esqueletos, porque la muerte primero está en los sueños,
después invade la cabeza y la realidad para que finalmente los escorpiones
hagan su fiesta en la primavera… En todo caso, eso no importa, porque la
vida está hecha de abismos...
Kintto Lucas
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